Un poco de Educación Comunitaria

Con un viaje de más de once horas, llegamos  a la Ciudad Eten  en la provincia  de Chiclayo en el Departamento de Lambayeque.  Un lugar donde las personas  y sus autoridades le ponen  empeño para revalorar sus tradiciones y costumbres en  niños, jóvenes y adultos. En este lugar conocimos la Educación Comunitaria.

Horas antes  de llegar a este distrito, en la cabeza giraba  la idea de  que la educación Comunitaria, se orientaba  únicamente en la revaloración de prácticas tradiciones de personas de las zonas más alejadas, debo  decir que  esta idea es antigua. Gracias  a una retroalimentación podemos definir que la Educación Comunitaria es  “La educación  fuera del aula”, que involucra a todas y todos, sin importar las supuestas clases ni credos.

Pregunte a un par de niñas, que afanadas trataban de trenzar la paja  que no se dejaba  gracias al  viento “Tejemos  nuestro primer sombrero.  Mañana las doñas nos  dirán si los hicimos bien o no”. Aunque usted no lo crea, a esto le llaman educación comunitaria; esa educación que radica en los saberes, conocimientos de las personas y de la comunidad que se comparten fuera de las escuelas.

Este encuentro nos hace retroceder en el tiempo, sí;  ese tiempo, de cuando eras aún un adolescente. En esa edad, cuando tus abuelos   trataban de enseñarte  a identificar cuando las lluvias o sequías llegarían, o cuando el cigarro le decía  alguna verdad, o  interpretar un mal sueño.  Pero tú, atinabas a salir huyendo  sumergido  en la ignorancia adolescente “son cosas de los viejos, que aburrido”. Pero ellos tristes,  sólo te miraban desaparecer; recordando que cuando eras más pequeño prestabas más interés a ese tipo de cosas. Ahora lamentas  que con el paso del tiempo fuiste olvidando las costumbres y tradiciones que tratas de recuperar sin éxito.

Hoy me preguntaron si recordaba cómo hilaba mi abuela, si alguna vez la vi hacerlo. Pero tuve una imagen fantasmal  que  apareció en microsegundos;  y sólo  lamente no haberle preguntando ni prestado atención. Pero hay quienes tienen la respuesta descabellada que atinan a decir, que nunca tuvieron ese “tipo de  abuela”.

El hilar era un arte y amor, pero tristemente debemos confesar que no sabemos cómo hacían las abuelas para tejer  porque nunca pedimos  que nos expliquen  o no quisimos averiguar cuál era el tipo de movimiento que utilizaban en la pirua (trozo de madera delgada) para jalar la lana que estaba  depositada en aquella canasta de carrizo. Claro nadie te enseño o quizás nunca  te importo.

En esta brecha que va creciendo,  la Educación comunitaria quiere tallar para revalorar las tradiciones y costumbres; con ayuda de las comunidades educadoras. También busca el vínculo de la escuela y la comunidad. Busca  contar cómo hacer de la chacra un lugar de aprendizaje.

Pero cuán preparados nos encontramos para asumir un reto cómo este, quizás nuestros prejuicios no lo permitan; o quizás sea  nuestra obsesión por la digitalización. Si todo un boom 2.0.

Sin embargo se busca que en nuestro país se puedan formar comunidades educadoras con la perspectiva de educación comunitaria. Una nueva propuesta cuyos pilotos se realizarán  en las regiones del Cusco, San Martín, Piura y Puno el próximo año, si así  lo permiten  las altas directivas y de cuan involucrados estemos los ciudadanos y autoridades. De esto dependerá su nacimiento y crecimiento.

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